Camino de vuelta II

Archivado en: Literatura,Relato — Por Milady
El 7 Abril 2014 a las 18:31

Sin que ella se diera cuenta se había convertido en una más de los rebeldes, puede que no la más concienciada ni la más activa, pero desde luego los demás la trataban como su igual. No obstante, tanta penuria seguía haciendo mella, y las historias y los mantras no servían tanto como antes para levantar su quebrado ánimo. Ya antes de decidir irse se planteó si de verdad valía la pena tanto dolor, si no era más feliz cuando se dedicaba sencillamente a acoger a aquellos que habían sufrido un error de sistema. Se preguntaba qué era lo que llevó a los demás a salir de la red y de hecho lo preguntó, pero la respuesta no eran más que versiones elaboradas de los mantras (¿o lo mantras eran versiones reducidas de las respuestas?). No obstante, todo el mundo aceptaba sus dudas e intentaban calmarla, sin reprocharle nada ni pretender que sus preocupaciones se disolvieran al momento. De hecho, un día hizo la pregunta que llevaba semanas en su mente y que temía realizar tanto por sus consecuencias como por la respuesta que pudieran darle, y a día de hoy podía afirmar que fue una respuesta sincera:

  • Vladimir… –dijo tímidamente mientras se acercaba a uno de los miembros más activos de la comunidad, y de los primeros en recibirla cuando salió de la red– ¿puedo hacerte una pregunta?
  • Bueno Susan, aunque eso ya de por sí es una pregunta –contestó medio riendo, pero atendiendo con la mirada lo que esperaba fuera una pregunta interesante.
  • Ya, sí, bueno, verás…
  • Habla tranquila, Susan, ya sabes que nosotros no censuramos nada, pues la censura es el primer paso hacia el control mental.
  • Bueno… esto… lo que quería preguntar… no es que me lo haya planteado es más curiosidad pero… Bueno, ¿qué se haría si alguien del grupo decidiera escapar y volver a la ciudad?

Vladimir sonrió tristemente ya que, aunque la pregunta era frecuente, la respuesta por necesidad evocaba rostros y momentos que no quería recordar, pero tampoco quería olvidar.

  • Nos moveríamos, Susan, a otro lugar donde fuera más difícil encontrarnos y ahí está la tragedia de ese movimiento forzoso: al igual que seríamos más difíciles de hallar por los conectados, seríamos más difíciles de localizar por los liberados, y muchos más morirían antes de encontrarnos –respiró profundamente y la miró con cariño–. No es la primera vez que alguien pregunta, Susan, y ha pasado en alguna que otra ocasión, pero procuramos que ocurra las menos veces posible.
  • ¿Intentáis de algún modo impedírselo? ¿Los retenéis o algo?
  • En absoluto, Susan, si así fuera no nos diferenciaríamos gran cosa de ellos, ¿no crees?
  • No, supongo que no… Pero entonces, ¿cómo evitáis ser expuestos? O, por ejemplo, que suelten a alguien para ir a por vosotros.
  • No hay seguridad ninguna, nunca, pero mantenemos a la gente un tiempo en un puesto de avanzada antes de llegar aquí. ¿Recuerdas cuando viniste con nosotros? Antes estuviste un tiempo en una cabaña, recibiendo cuidados médicos, tu nombre…
  • Sí, lo recuerdo.
  • Pues eso, ese puesto no sirve sólo para curaos, que también, sino que además nos ayuda a ver si la persona está convencida para seguir adelante o no. Si está convencida al cabo de unas semanas vienen con nosotros al campamento, si no, cosa que rara vez ocurre, se le da agua y comida antes de mover el puesto de avanzada. Ahí es donde más nos la jugamos, más que en el campamento, pero es necesario.
  • Aham, entiendo, entonces la idea es prevenir…
  • Sí, aunque ya te digo que no siempre se puede estar seguro al 100%, pero es un riesgo que vale la pena.
  • Entiendo. Gracias Vladimir.
  • Susan… –Vladimir se lo pensó un momento, aunque esta conversación la había tenido decenas de veces y, de seguro, con más de la mitad de los que conoció desde que llegó al campamento– ya sabes que no obligamos a nada, pero sería un detalle que si te estás planteando dejarnos nos avisaras antes de salir para darnos algo de tiempo…
  • No pretendo irme, Vladimir, era sólo curiosidad.
  • Supongo, pero tengo que decirlo por si acaso.
  • Claro –sonrió Susan, sin saber que realmente sí que se lo estaba planteando.
Share on Facebook0Tweet about this on TwitterShare on Google+0Share on Tumblr0Pin on Pinterest0Email this to someone

No hay comentarios »

No comments yet.

RSS feed for comments on this post. TrackBack URL

Leave a comment