Camino de vuelta I

Archivado en: Literatura,Relato — Por Milady
El 14 marzo 2014 a las 19:34

Hola humanos. Hoy os traigo la primera parte de un relato que escribí con la idea de que algún día sea el prólogo de una historia de CI-FI y que aún le estamos dando vueltas Reset y yo. Será en tres partes para que no queden posts demasiado largos. Espero que os guste.

Caminaba pesadamente, como si tuviera una gran carga sobre los hombros que debiera llevar consigo antes de liberarse, como si el trabajo para darles vitalidad a sus prematuramente envejecidos músculos hubiera sido en vano. También su respiración era cada vez más pesada, y pensó en lo rápidamente que una persona se acostumbra a un ambiente nuevo. Los zapatos artesanos le empezaban a hacer llagas en los pies, no en vano no fueron ideados para caminos tan largos, y su ropa también echa a mano empezaba a quejarse y a rozarle la piel de un modo desagradable. Todo parecía en contra de su avance, pero no obstante seguía caminado pues, con un poco de suerte, todas esas molestias desaparecerían pronto.

Pronto… Pronto todo lo que había sufrido en esos dos años se desvanecería, ya no recordaría las largas jornadas caminando por valles recónditos donde nadie había puesto el pie en siglos, ni los días arando la tierra ni la desagradable fabricación de abonos. Se olvidaría de las partidas de caza de vida, en las que podía pasar incluso varios días en el mismo sitio del mismo campo a ver si por casualidad fuera a pasar por allí uno de esos animales que antaño fueron ganado para nuestro sustento, y que ahora muy difícilmente se dejaban domesticar. Pronto se acabarían esas pesadas digestiones y, sobre todo, las indigestiones e incluso los envenenamientos por comer lo que el humano no debe comer, o por comerlo cuando no debe. Pronto se olvidaría de lo que era el frío y la lluvia, que aunque al principio resultara hermoso, cala los huesos y crea el molesto barro.

Pero sobre todo, por encima de todas las cosas que quería dejar atrás con esos cansados y dolosos pasos, pronto sacaría de su mente esas historias vacías y esas vanas esperanzas, esas frases de lucha en una batalla que era imposible ganar y, para ser sinceros, ¿de verdad querríamos ganarlas? Esos cuentos que pueden ser tan verdad como las historias con las que creció, pues la palabra puede albergar verdades y mentiras. Esos señores venerables se alejarían de ella y dejarían de guiar su vida en la sombra. Sí, quizás habría otros titiriteros, pero al menos a los que volvía ya sabía lo que le podían dar, y los que ahora tenía sólo daban diez preguntas por cada respuesta. Y esa es otra de las ventajas de su destino: se acabaría la duda, las preocupaciones, la ira o las ganas de lucha que tan insistentemente inculcaban los que actuaban como salvadores aunque realmente nunca usaran esa palabra, y aunque realmente nunca nadie les había pedido ayuda. Ya no tendría miedo ni rabia ni miraría al cielo maldiciendo las decisiones de los grandes amos del mundo. Ahora volvería a tener paz y tranquilidad, y reiría con sus amigos y trabajaría para un mundo mejor, quizás menos cierto, pero más satisfactorio.

Ya casi no recordaba los motivos por los que se fue, pero recordaba claramente la confusión de los primeros días. Recordaba cómo le dolían los pies de la carrera lejos de la ciudad y el ardor en sus pulmones por el abrupto cambio de ambiente. La enfermedad se apoderó de ella y los rebeldes aprovecharon esos días para meterle en la cabeza toda su pantomima, para venderle un futuro luminoso, fresco, verde y azul donde los niños corretearan jugando entre las flores del campo y el hombre por fin aprendiera el equilibrio entre la naturaleza y la tecnología. En aquellos días sentía cómo su cabeza estaba a punto de explotar continuamente por el esfuerzo que tenía que hacer incluso para los procesos más sencillos, y sus músculos y vísceras apenas recordaban cuál era su objeto. Incluso, en aquellos horribles días (y que, paradójicamente, ella aceptó con los brazos abiertos) los rebeldes decidieron cambiarle el nombre, pues parece ser que es mucho mejor Susan que C36CF.

Y poco a poco, sin darse cuenta, Susan se fue formando y repitiendo las consignas e ideas que le iban inculcando. Trabajaba cada día duramente y lidiaba con el dolor y la muerte con la frecuencia con la que antes lidiaba con las caídas de red. Esa sensación que tanto buscaba y que no era otra que el tacto de otra piel sobre la suya era tan intensa que resultaba molesta, y realmente nunca se acostumbró a ella. Sin embargo, Susan se repetía a sí misma que era por la verdad, por un mundo mejor, por volver a ser humanos. Llegó incluso a entrar a una de las bibliotecas y a tocar algunos de los antiguos libros, con sumo cuidado dado que eran muy frágiles. No los abrió ni los llegó a leer porque nunca le fue necesario leer y ni siquiera tuvo interés en aprender, y cuando intentaron inculcarle la lectura lo veía tremendamente difícil.

Share on Facebook0Tweet about this on TwitterShare on Google+0Share on Tumblr0Pin on Pinterest0Email this to someone

No hay comentarios »

No comments yet.

RSS feed for comments on this post. TrackBack URL

Leave a comment